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Soy un optimista, creo que todo nuevo infante representa una nueva oportunidad para toda la humanidad; tal vez el que por fin va a encontrar la cura contra el cáncer, de la alternativa energética que nos va a liberar de la dependencia del petróleo, o el que va a conciliar desarrollo económico con la justa distribución de la riqueza.
Mi optimismo me hace creer mucho en la juventud, en su energía y entusiasmo, en su generosidad, en sus ojos limpios, en su falta de corrupción. Por eso escribo esto para ellos, como una invitación a la reflexión y a que se pregunten ¿hacia dónde vamos?
Estoy triste por los jóvenes nicaragüenses, me parecen faltos de guías y de principios adecuados. Este sentimiento me lo han provocado acontecimientos presentes en la vida nacional, todos de reciente data.
Comienzo con el uso de estudiantes de secundaria, aquellos agrupados en el FES, qué horrible verlos rotondeando, participando en manifestaciones de un partido político, y por último justificando en sus colegios la entrega discriminatoria de cédulas de identidad. Más patético aún son los jóvenes de la Juventud Sandinista, convertidos en esquiroles de su partido . ¡Por favor despierten!
También es triste ver a partidos “democráticos” utilizando a la juventud para fines propagandísticos a favor de sus particulares intereses. Me refiero a los conservadores que llevaron a jóvenes a apoyar a tres dirigentes, sobre los cuales la sociedad nica está totalmente clara de la traición que cometieron contra sus correligionarios para obtener su cuota de poder.
En los dos casos anteriores, démosle a los jóvenes el beneficio de la duda, y pensemos que han sido utilizados. Sin embargo, no podemos decir lo mismo sobre los universitarios que en un reciente “plantón” para endurecer el Código de la Niñez, llegaron a exigir, yo diría a extorsionar, a conductores para que firmasen su petición a cambio de dejarlos pasar. Muchachos no pueden pedir algo que ustedes consideran bueno, utilizando métodos intrínsecamente malos, como es violentar el derecho de los demás.
Termino con el caso de los Rejudines. Es cierto que es muy raro aquel que en su juventud no haya cometido alguna locura por el licor. Lo que no me parece es su actitud, a mi parecer soberbia, explicando su error; en esencia dicen todo mundo lo ha hecho, no bebo whisky, otros han cometido faltas más graves, lo hice con mis reales, etc. Después de verlos en TV quedé desilusionado, con un sabor amargo y pensando ojalá “estas pulgas no salten en mi petate”.
A todos los jóvenes les digo es de humildes reconocer su error, de sabios aprender de él, y de muy valientes cambiar y levantarse.

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